Parques solares
y plantas en superficie

Dónde crece la energía
Entre roca volcánica, tuneras y el azul eterno del Atlántico, se extiende en Tenerife un nuevo tipo de paisaje: silencioso, rítmico, con una precisión milimétrica hacia el sol. Filas de módulos solares que apenas proyectan sombra en el calor del mediodía se integran en el terreno como si siempre hubieran formado parte de él. Aquí la energía ya no se genera en naves industriales, sino al aire libre: descentralizada, silenciosa y visible.Los parques solares y las plantas en superficie son el gran escenario de la transición energética en Canarias. Mientras que tejados y cocheras suministran electricidad para el autoconsumo, las instalaciones en suelo asumen el papel de proveedor colectivo. Transforman terrenos baldíos, antiguas graveras o campos abandonados en superficies productivas: lugares donde ya no crece cereal, sino energía.

Energía desde la amplitud
La particular topografía de Tenerife ofrece condiciones excelentes: alta irradiación solar, temperaturas estables y amplias zonas en el sur y el este de la isla permiten grandes campos solares con rendimientos anuales considerables. En el municipio de Granadilla de Abona, por ejemplo, un solo parque solar produce suficiente electricidad para abastecer a más de 5.000 hogares. Los módulos siguen el recorrido del sol y se inclinan lentamente hacia el oeste, como si se inclinaran ante la fuente de su fuerza.Estas instalaciones no son solo suministradores de electricidad, sino también símbolo de un nuevo uso del territorio. Donde antes terrenos ociosos quedaban expuestos a la erosión, hoy surgen ecosistemas tecnológicos con una lógica propia. Las “arterias” de cable sustituyen a las tuberías de riego, y la vegetación entre las hileras se mantiene deliberadamente baja para fomentar la biodiversidad en lugar de desplazarla.

Agricultura y energía solar en armonía
Un campo especialmente interesante es la llamada agro-fotovoltaica: la combinación de agricultura y generación de energía. En este modelo, los módulos solares se instalan en estructuras elevadas de forma que la explotación agrícola pueda continuar por debajo. En Tenerife, varias cooperativas agrarias ya experimentan con esta doble utilización. Bajo las cubiertas solares crecen tomates, calabacines y papayas, protegidos de la radiación más intensa pero con luz suficiente.Esta simbiosis podría marcar el futuro de la isla: producción de energía y alimentos en la misma superficie, adaptada a un clima en constante cambio. En lugar de competencia por el suelo, aparece cooperación en el uso del suelo, una revolución silenciosa tan sensata desde el punto de vista económico como necesaria desde el ecológico.

Campos solares con perspectiva
La importancia económica de estas instalaciones no deja de crecer. Según el IDAE, más del 50 % de la electricidad generada en Canarias procede ya de fuentes renovables, y la tendencia va en aumento. La fotovoltaica en suelo contribuye de manera decisiva a que la isla se vuelva menos dependiente de combustibles importados. La visión: una Tenerife casi autosuficiente energéticamente de aquí a 2040.Los retos, sin embargo, no son menores. Los procesos de autorización, las conexiones a la red y los requisitos medioambientales son complejos. Cada terreno debe analizarse, cada intervención debe valorarse con cuidado. Aun así, la dinámica es evidente: cada vez más municipios abren zonas específicas para parques solares, impulsan modelos de participación local y combinan grandes proyectos con tecnologías de almacenamiento para suavizar los picos de producción.

Del campo solar al “mar” de electricidad
Paralelamente, está surgiendo en las islas una nueva categoría: la fotovoltaica flotante en embalses y presas. Estas instalaciones aprovechan superficies de agua existentes y generan electricidad adicional sin ocupar terreno. Reducen la evaporación y, gracias al efecto refrigerante del agua, mejoran la eficiencia de los módulos. En regiones secas del sur de la isla, esto puede suponer una ventaja real.La interacción entre tierra y agua, sol y tecnología, naturaleza y planificación convierte estos proyectos en modelo para otras islas del mundo. Demuestra que las energías renovables no tienen que competir con el paisaje, sino que pueden formar parte de su evolución.

La energía como arquitectura del paisaje
Al final, un parque solar es mucho más que una agrupación de módulos. Es una nueva forma de arquitectura del paisaje: una superficie tecnológica con alma funcional. A la luz de la mañana, los paneles brillan como campos de vidrio; al mediodía parece que beben la luz; al atardecer reflejan el cielo como espejos planos.Donde antes el viento y la sal modelaban la tierra, ahora es el propio sol quien marca el ritmo. Y así, Tenerife se convierte en escenario de una transformación silenciosa: la energía ya no se genera lejos, sino en el corazón de la isla, de forma visible, tangible y sostenible.

Fuentes:
Fraunhofer ISE (Guía Floating PV 2023), Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER), IDAE España, Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA), PV Magazine Spain, SolarPower Europe, Energía Sostenible Canarias, Intersolar Europe.

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